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Descubrí porque sigo soltera

Published by Miriam Pérez on

Tener más de 30 y nunca haber pisado un altar para decir sí, acepto, hasta que la muerte nos separe.  Luego de cuestionar que paso con él o con aquel, repartir culpas y aceptar responsabilidades, hace que cuestione qué pasa conmigo.

Ya fui a terapia, he leído libros, revistas y he escuchado las versiones de mis amigas. Aun así, me he preguntado de diferentes formas, por qué no he encontrado el amor de pareja. Aun reconociendo que si me he sentido enamorada.

He cuestionado mucho mi comportamiento, mis respuestas ante él, ante mi o ante aquel. Sin embargo, no había cuestionado mis creencias, mis perspectivas. No había cuestionado la congruencia entre lo que pienso y lo que realmente quiero.

En estos días descubrí varias cosas en mi…

Descubrí que…

Descubrí que no creo que el amor de pareja sea real. Mi razón me lleva a un recuento de parejas genuinamente enamoradas, quienes tienen la certeza de haber encontrado su otra mitad. Sin embargo, dentro de mi corazón existe duda. No dudo que sean reales sus historias, dudo que yo pueda estar viviendo una de esas historias.  Aunque mi amor propio me grite que lo merezco, un abismo entre mi cabeza y corazón alimenta la duda, sin importar las mil excusas que yo utilice para disfrazarla.

Descubrí que he seguido más mi cerebro que a mi corazón. De hecho, tengo la impresión que no dejo a mi corazón hablar mucho. Siento culpa cuando lo dejo hablar. Es como si lo que diga mi cerebro tienes más valor de lo que pueda decir mi corazón. Mi razón hace que ignore incluso las señales de amor propio que este me dicta.

Descubrí que he amado a medias. La duda de estar haciendo lo correcto, me limita. Sin importar cuan presente he estado para él o para aquel. En realidad, he dado de lo que me sobra, he protegido demasiado mi pieza más vulnerable, mi corazón.

Descubrí que aún no estoy segura si soy la valiente de la historia, quien posee el valor de terminar una relación que está agonizando o la cobarde que zarpa antes que el barco se hunda.

Descubrí que desde mis días de adolescente, no he luchado por un amor. No he tomado el riesgo de enamorar a alguien que me interese. Busco interesarme en quien ya esté interesado en mí.

Descubrí que me da tanto miedo necesitar de otra persona para complementar mis alegrías, que prefiero evitar vivir experiencias que permitan que otro dibuje una sonrisa en mí.

Descubrí que tengo miedo de comprometerme y que no se comprometan conmigo. Por esto, no logro inspirar seguridad en el otro y busco dejar claro que como llegue me puedo ir. Vivo con un pie adentro de la relación y otro afuera.

Descubrí que aun cuando el amor era solo una canción rosa, tenía cero tolerancia a algún conflicto. Creé una imagen del amor de pareja sin conflictos, tarareando siempre una melodiosa canción.

Descubrí que sin importar lo arisca que sea, si quiero recibir un beso sorpresa, una caricia diseñada para mí, si quiero flores para San Valentín. No quiero cazar besos tirados, no quiero recoger caricias genéricas del suelo. Si quiero ver brillo en mis ojos por alguien y ser el brillo en la sonrisa de ese alguien.

Por ultimo y tal vez lo más importante. Reconozco que he dedicado tiempo y energía a realizar muchos de mis sueños y anhelos. Me pongo metas solo por tener metas por las que luchar. Sin embargo, descubrí que no he luchado por mi sueño más grande, tener mi familia. Entendiendo que tener mi familia será, hacer vida con ese maravilloso hombre a quien voy admirar y amar libremente, ese quien me motivará a ser una mejor versión de mí, que caminará a mi lado, no al frente ni atrás. Con quien construiré experiencias e historias que me volverán hacer feliz al recordarlas.

Aceptando que una cosa es creer desde la razón y otra es creer con el corazón, acepto el reto de creer de corazón que el amor en mis días es posible y se hará realidad.


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